Parece que todos sabemos cómo cocer unos huevos. Es algo que hacemos de forma habitual porque son un alimento muy socorrido que nos sirve tanto para completar otros platos (ensaladas, ensaladillas, pisto, salpicones…) como para elaborar comidas en las que es el alimento principal (huevos rellenos, gratinados con bechamel, escalfados, pochados…).
Sin embargo, ¿cuántas veces hemos puesto a cocer los huevos y nos hemos encontrado con que no están del todo hechos, o que la piel se nos queda pegada a la cáscara, o que la yema tiene un desagradable halo de color grisáceo?…
Para que nada de eso nos vuelva a ocurrir te proponemos un par de trucos sencillos











