Cada vez que me ponen pan de gambas en el restaurante chino me pasa lo mismo: empiezo con uno, y cuando me doy cuenta ya no queda ninguno, y si me lo ponen con salsa agridulce ya ni te cuento. Tiene algo ese sabor suave a mar y esa textura crujiente que lo hace totalmente adictivo. Un día me entró la curiosidad y me propuse hacerlo en casa, más que nada por ver si era posible conseguir ese mismo resultado.
El pan de gambas, también conocido como “crackers de gambas”, tiene su origen en la gastronomía del sudeste asiático, especialmente en China e Indonesia. Nació como una manera ingeniosa de aprovechar los mariscos frescos y combinarlos con almidones locales, como la tapioca o la harina de arroz, para crear un snack ligero pero lleno de sabor.
Si te apetece probar algo diferente, o simplemente preparar un aperitivo casero con un toque asiático, este pan de gambas casero te va a sorprender. Te cuento cómo hacerlo paso a paso para que te quede perfecto desde el primer intento.
Receta de pan de gambas
Ingredientes
- 200 g de gambas peladas crudas
- 150 g de fécula de tapioca (o almidón de yuca)
- 1 cucharadita de sal
- 5 g de sal
- ½ cucharadita de azúcar
- 1 cucharada de aceite de girasol
- Aceite para freír
Cómo hacer pan de gambas chino
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Lo primero es triturar las 200 g de gambas peladas crudas hasta obtener una pasta. Puedes hacerlo con una batidora de vaso o una picadora, lo importante es que no queden trozos grandes. Si usas gambas congeladas, asegúrate de escurrirlas bien antes de triturarlas para que la mezcla no quede aguada.
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En un bol amplio, mezcla la pasta de gambas con 150 g de fécula de tapioca, 1 cucharadita de sal, ½ cucharadita de azúcar y 1 cucharada de aceite de girasol. Al principio parecerá muy seca, pero poco a poco irá tomando cuerpo. Si notas que cuesta unirla, añade una o dos cucharaditas de agua, solo lo justo para poder amasar sin que se pegue demasiado.
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Cuando tengas una masa uniforme y manejable, divídela en dos partes y forma con cada una un cilindro alargado, como si fuera un chorizo grueso.
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Envuélvelos bien con papel film, ajustando el plástico para que queden compactos, sin aire en el interior.
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Ahora toca cocerlos. Coloca los rollos en una vaporera o una olla con rejilla y cocínalos durante unos 45 minutos a fuego medio. La masa debe quedar firme al tacto. Si no tienes vaporera, puedes improvisar una con una olla grande, y una rejilla metálica: lo importante es que no estén en contacto directo con el agua.
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Cuando estén cocidos, sácalos con cuidado y deja que se enfríen completamente.
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Después mételos en la nevera unas 8 horas o, mejor aún, toda la noche. Este paso es importante para que se asienten y luego se puedan cortar bien.
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Al día siguiente, corta los cilindros en rodajas muy finas, de unos dos milímetros. Cuanto más finas sean, mejor se inflarán al freírlas.
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Coloca las rodajas en una bandeja cubierta con papel de horno y mételas al horno a 50 °C durante unas cinco horas, hasta que estén completamente secas y duras. Si tienes un deshidratador, también puedes usarlo; el resultado es igual de bueno y, además, más uniforme.
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Por último, calienta abundante aceite en una sartén o cazo a unos 180 °C. Echa los discos secos de uno en uno, y verás cómo se hinchan al instante. Sácalos enseguida con una espumadera, déjalos sobre papel absorbente y listo.
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No hace falta añadirles sal extra, pero si te gusta ese punto más sabroso, puedes espolvorear un poquito justo al sacarlos.
Consejos para hacer pan de gambas
- La masa debe quedar firme, pero no seca. Si al mezclar las gambas con la fécula notas que la masa se deshace o cuesta unirla, añade una cucharadita de agua cada vez hasta que puedas darle forma sin que se pegue demasiado. Si queda demasiado húmeda, el pan no se inflará bien al freírlo.
- Cocer al vapor con calma es clave. No tengas prisa con este paso. Los rollos necesitan al menos 45 minutos para que la fécula se cocine y la textura se asiente. Si los retiras antes, quedarán blandos y será más difícil cortarlos sin que se rompan.
- Secar bien las rodajas marca la diferencia. Ya sea con horno a baja temperatura o con deshidratador, asegúrate de que queden completamente duras antes de guardarlas o freírlas. Si aún tienen humedad, no se inflarán correctamente y absorberán más aceite.
- El aceite, siempre caliente pero sin pasarse. La temperatura ideal ronda los 180 °C. Si está más bajo, los discos se empaparán de grasa; si está demasiado alto, se dorarán antes de hincharse. Es mejor freír pocos a la vez para controlar bien el proceso.
- Se pueden conservar durante semanas. Una vez secos, los discos crudos pueden guardarse en un bote hermético o en una bolsa con cierre, en un lugar fresco y seco. Así tendrás pan de gambas listo para freír en cualquier momento, igual que el que compras hecho.
- También puedes congelarlos. Si prefieres tenerlos preparados, congela las rodajas ya secas y guárdalas hasta tres meses. No hace falta descongelarlas antes de freír; basta con echarlas directamente en el aceite caliente.
- Para mantener los pan de gambas crujientes después de freír. Deja que se enfríen sobre papel absorbente y, una vez fríos, guárdalos en un recipiente hermético. Se mantendrán crujientes un par de días, aunque lo ideal es comerlos recién hechos, que es cuando están perfectos.

Cómo acompañar el pan de gambas
El pan de gambas combina bien con casi cualquier plato asiático, aunque en casa solemos servirlo como aperitivo mientras preparamos el resto de la comida. Lo típico es acompañarlo con una salsa agridulce, pero también queda genial con salsa de soja, mayonesa japonesa o incluso una mezcla rápida de sriracha y miel, que le da un punto picante muy agradable.
Otra opción es servirlo junto a platos de arroz o noodles. Aporta ese toque crujiente que equilibra los sabores más suaves. En cenas informales, lo suelo poner en el centro de la mesa en un bol grande, y desaparece en minutos.

Bueno, espero que esta receta de pan de gambas te anime a probarlo en casa. No es tan complicado como parece, y además puedes ajustar las rodajas, las salsas o los acompañamientos según tus gustos. Ya verás cómo se convierte en ese aperitivo crujiente que todos van a querer probar en tus reuniones o cenas improvisadas. ¡Nos leemos pronto y que disfrutes mucho cocinando y picando!
Si buscas otras recetas chinas para montar un menú completo, no puedes dejar de probar la receta de rollitos de primavera caseros, crujientes y llenos de verduras frescas que se comen en un solo bocado, los wan tun, perfectos para mojar en salsa de soja, el pollo al limón, con su toque cítrico y dulce que siempre triunfa en la mesa, los fideos chinos con verduras y pollo, rápidos de preparar y llenos de sabor, y finalmente el cerdo agridulce estilo cantón, que combina carne tierna con salsa agridulce y verduras para un plato principal delicioso y vistoso.







































